sábado, 13 de diciembre de 2008

TALLER DE TEATRO
muestras 2009



María Pía Diambra, Analía Garrido, Laura Peiró, Emanuel Rodriguez, Martín Wachs

Constanza Bortolotti, Carla Lattenero, Rafael Origuela, Verónica Robledo, Rosario Zurita


Romina Canegato, Cecilia F. Trejo, Natacha Garbushian, Mauricio Gianserra,
Alan Gaón, Eliana Gaón, Florencia González, Paula Goretta, Daniela Guerrero,
Bernardita Miranda, Emilio Miranda, Leonela Montenegro, Bruno Ruiz,
Santiago Sáez, Carolina Sal, Gabriela Stefani, Lucas Villafañe, Carolina Vizcarra
COORDINAN: D. Bernachi - Alejandro Garay
FUNCIONES:
25/6 - 22 hs.
27/6 - 19 hs.
2/7 - 22 hs.
4/7 - 21 hs.
4/7 - 22 hs.
CENTRO CULTURAL ROSS - Laprida 135

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TALLER DE TEATRO

INSCRIPCIONES

Se encuentran abiertas las inscripciones para el Taller de Teatro dictado por TEODORA C. C. C. A.

Cada módulo tendrá una duración de 3 meses y finalizará con una muestra abierta al público.



Por informes e inscripción, comunicarse a:



Te.l: 4922141 - 4978261 - 154173394 - 154054227

Mail: teodoraciegacanibal@yahoo.com.ar - ASUNTO: "Taller de Teatro"

Facebook: Teodora Ciega Caníbal



MUESTRAS 2008


Bienvenida Navidad
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Por la cerradura
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola chicos ya pude ver el video jeje, muy bueno che y gracias por todo. rafael

Los siete locos dijo...

Por la cerradura (las manzanas de Eva saben a alivio)

La obra que tuve oportunidad de ver fue puesta en escena en la Sala Ross. La trama, violenta y sórdida, nos llevó sin clemencia durante treinta minutos a un paroxismo expectante. Nadie diría que se trató de una muestra de final de taller.
Un tiempo que alteró nuestra armonía del buen vivir. Esa idea prostibularia de creer: “Bueno, me relajaré, iré a ver una obra de teatro”. Sin embargo este género de humanos no hubiesen soportado la escena final. Como un buen whisky fue intenso de entrada. Primero Julia (rubia y de batón celeste) se depila colocando su pierna desfachatadamente en la silla, donde arrodillada Carmen (traje azul formal) se coloca rouge en sus labios. Luego, en una jugada escena, Carmen orina en una pelela de niña frente al público, que absorto no atina ni a una mueca, algún leve escape que libere esta nausea. El arte se apropia del horror y hace con eso una obra, sin necesidad de denuncia.
Tres manzanas cansadas de ser mordidas. Tres reflejos de la dura trama femenina, alrededor de un varón, un hombre, que al parecer las sometía gozosamente. Ellas también se dejaban someter. Era su pequeño mundo. Hasta que algo rompió el equilibrio. Algo alteró la convivencia. El detonante no es claro. Sin embargo, cuando la mujer enloquece puede producir cualquier cosa. Hablamos de esa locura que emerge cuando una comunidad de féminas ve alterada su tierna relación. Ese lazo erótico que las transforma y fortalece. Soportan cualquier cosa hasta que ven amenazada su relación. Sin esta amenaza a su relación podrían haber soportado vejaciones peores.
La manzana siguió corriendo. Los gritos. Los golpes aludidos y las violaciones insinuadas. Cuerpos manchados, marcados, despojados. Él, rodeado de esa brutalidad masculina no dejaba de ser tierno y de estar sometido a esos garfios mamantarios.
La obra fue exquisita, poco común en nuestros escenarios tucumanos, una manzana podrida dentro del cajón del buen decir de las actuaciones respetadas tucumanas.
La obra termina con las tres féminas abrazadas luego del crimen que realizó Julia haciéndose eco del sentir de las otras. Ese culmen produce una especie de distensión en el espectador que minutos antes se sorprendió ante el posible asesinato del hombre.
Ya lo había mostrado Nietzsche: la mujer lleva a la locura, es imposible de clasificar. La mantis religiosa nos lo ejemplifica de manera clara: asesina al macho en el momento del acto sexual. Quizás recién aquí las tres Evas podrán llegar al orgasmo, es que sexualidad y muerte están demasiado relacionadas. Abrazadas y felices, el circulo se cerraba. Porque la muerte, hay que decirlo, les dio un alivio feroz.




Federico Soler